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jueves, 29 de enero de 2015

CONCURSO DE RELATOS "DEL MÁS ALLÁ" de El Círculo de Escritores

       

La Presencia


Lo que más miedo le daba en este mundo era el recuerdo de aquellas palabras. 
Aquel hombre fue tan violento y tan cruel que incluso estando muerto le temía.
Sentía su presencia y su voz por las noches susurrando aquella maldita frase, la última que dijo antes de morir, la que se había fijado tan fuerte en sus tímpanos apareciendo en los momentos de soledad como un susurro del más allá.
-Siempre estaré contigo, aun muerto.
Estas simples palabras calaron hondo en su ser. Fueron años de abusos y sufrimientos mientras estaba vivo y ahora que está muerto sigue siendo el protagonista de su vida.
Su hija volvió  del extranjero y se instaló en la casa, al cabo de una semana la joven comenzó a notar una presencia extraña y se lo comunicó a su madre.
-Creí que estaba loca- le dijo ésta –pero es tu padre que niega irse.
-Mamá todavía no lo superaste, papá se fue hace rato.
Pero no, no lo había superado ya que cada vez se hacía más fuerte su presencia, los golpes en las puertas, la caída de objetos y la voz susurrante con aquella frase que se repetía una y otra vez en el silencio.
Una noche su hija entró en su cuarto y le gritó –mamá esto no puede seguir así, termina con eso, déjalo ir-
-¿Dejarlo ir a que te referís?- Le dijo entre lágrimas.
-No puedes temer a alguien que murió y papá ya no está, es tu miedo el que lo trae de vuelta una y otra vez, ya no puede dañarte, no puede tocarte, solo puedes recordarlo…
Esa noche no pudo dormir, pensó y recordó cada improperio, cada insulto, cada golpe, una por una se aparecían las imágenes de aquel abusador en su mente, y así pasó días encerrada en su habitación con esa voz que le hablaba y los recuerdos. 
Lloró y lloró todas las lágrimas de su cuerpo, sacó fuera de sí ese dolor de años de abuso y se liberó del temor, entonces un grito le salió desde sus entrañas
–veteeeee, ya no tengo miedo de ti, déjame en paz.

Y desde la esquina del cuarto una especie de humo comenzó a diluirse hasta que desapareció y nunca más volvió a escuchar esa voz ni los ruidos ni la presencia de ese hombre en la casa.


Mónica Gribaudi
  Uruguaya

miércoles, 28 de enero de 2015

A MIS HIJOS

Pequeño sol,
el mundo que hoy
gira a tu alrededor, 
con sus planetas luminosos
con sus lunas de colores
que agitan felices tus sueños,
y alimentan tus días de fantasía
mañana serán la nave
con la que recorrerás las galaxias
que poco a poco descubrirás
a la vuelta de cada esquina.
Yo solo ansío
regalarte toda mi poesía,
para que pintes el horizonte
del color que mas te guste
y nunca dejes de soñar
así batallarás lo imposible
y si sueñas realidades bellas
serán los caminos mas amenos.
Pequeño mío,
no se cual será tu destino
deseo guiar tus pasos hoy
para que no temas enfrentarlo,
siempre que los necesites
allí estarán mis abrazos
mis besos y mi regazo,
nunca faltará una palabra de aliento
y estés donde estés
siempre estaré junto a tí.

Mónica Gribaudi
uruguaya
A MI ESPOSO



Y así los dos formamos un cielo
y colocamos entre suspiros
en el lugar más alto
la luna y el sol.
Y con nuestro amor
y con nuestros brazos
sostenemos nuestro mundo
para no dejarlo caer
en el abismo de la tristeza
de un camino que se separa,
de noches y días de eterna soledad.

Y así entre tu y yo
pisamos fuerte este suelo,
como un sólido cimiento
que sostiene nuestro hogar
en cuyo seno florecen las quimeras
que aquel tibio mes de abril
nos atrevimos a soñar.

MÓNICA GRIBAUDI
Uruguaya

jueves, 22 de enero de 2015

                       Sin tí     

Tal vez  la  luz encendida o el descuido de una canilla que chilla a mitad de la noche o las sombras de una cortina desvelada...
Tal vez el alarido del viento colándose por la puerta o el aullido lejano de un perro o la luna llena, no sé qué es, pero hoy tengo miedo...
El reloj me grita en cada latido de sus agujas, “no te duermas  “repitiendo las silabas de la frase al compás de cada tic tac y la noche transcurre lenta ¡m u y  l e n t a!,   y cada vez más me doy cuenta de lo sola que está mi soledad.

De repente la cama se me hace grande y caigo en el abismo de su colchón  helado, las cobijas cubren mi piel mas no la abrigan y el silencio lo llena todo y la pobreza de mis manos vacías incapaces de sostener la almohada que yace herida con tu perfume en el suelo...
Es que estar sin ti me suena a película de terror.

Mónica Gribaudi

martes, 20 de enero de 2015

Carta a Javier

Carta a Javier:

A veces escribo en sueños y las locuras que allí imagino se incorporan al papel.
A veces las horas pasan y no se quiere dormir el día, cuando al fin me duermo y despierto, otra vez allí está el desvelo volcado en letras. 
A veces el día transcurre normal, se posiciona como la costumbre marca, todo y todos en su lugar menos yo y el cuaderno que se abre y se cierra y la tinta que grita.
¿Por qué? ¿Me preguntas? Creo que a esta altura ya es un vicio, si en mis manos tuviera un cigarro el papel que lo envuelve estaría todo escrito.
Pasó lo que quedó del viernes, el sábado y el domingo y yo pensando, ¿qué sentido tiene lo que hago?, ¿para qué? No sé, a veces aquellas cosas que aprietan mi pecho a través de la poesía se transforman y vuelan libres en el aire, a veces aquellas otras, agrias, que de a sorbos bebo, se vuelven miel cuando florecen letras. A veces, cuando la realidad me atrapa y a gritos quisiera lograr justicia, se tornan letras mis palabras y en poemas vociferan. A veces, solo cuando callo esos silencios que al alma desesperan, mis poemas son lo que de mi tristeza queda.
Y me preguntas ¿porqué escribo? y te respondo es que eso soy, soy un poema, un cuento, todo mi yo es cada letra que sale de mi puño.
¿Para quién lo hago? Primero que nada para mí, después para el que quiera, aquel que tenga ganas de transformarse en pájaro y volar en mis delirios.
¿Qué pienso de mi al verme escribir? Ahora si se me complica, ¿qué pienso cuando me veo escribir? Nunca escribí mirándome a un espejo, pero en estos tres días, traté de salir de mi cuerpo y verme ahí, sentada con la lapicera en la mano, agazapada. ¿Y qué pensé? pensé en darme unos golpecitos en el hombro y alentarme - ¡seguí así!, ¡adelante!, siempre es bueno hacer lo que nos hace feliz.
Y cuando leo lo que escribo muchas veces me emociono, a veces parece que no soy yo la que escribió eso, otras veces me enojo, porque no puedo expresar sobre el papel lo que realmente siento y otras solo sonrío, buscándole la vuelta al texto. Y cuando otros escuchan o leen mis trabajos, busco impactar en ellos, busco el agrado, busco vestir con sus ojos mi ser expuesto que tirita de frío esperando ser acobijado.

Mónica Gribaudi
    Uruguay (Derechos Reservados)


IMPOTENCIA




De pronto cesaron las palabras,
de pronto apreté los dientes tan fuerte
que pude encerrar mi lengua tratando de acallarla,
y la oí gritar estupideces
y me dieron ganas de morderla y causarle dolor.

Esta bronca que tengo se me sale en incoherencias,
abrupta se cuelga en mi garganta y explota.
¿Cómo si sirviera de algo gritar?
¿Cómo si escucharan y entendieran el porqué?
¿Cómo si les importara?

Y logro que el silencio se apodere de mí,
“¡Calma Mónica, calma! “ me repito,
mientras un rayo de sol irrumpe
por el agujero de la puerta,
¡siempre hay esperanza!

Mónica Gribaudi 
Uruguaya

Paraíso






Dedicado al  árbol (Paraíso) que creció en una maceta colgada en una pared de mi jardín

Lo sueño frondoso y bello
de profundas raíces.
Lo sueño lleno de vida,
renovándose en cada primavera.
Me imagino una tarde soleada
sentada en su regazo,
me imagino una tarde de otoño
viendo sus hojas caer.
Quizá no tenga la posibilidad de verlo crecer.

¡Pero el siempre será mio!
-¿Tanta cosa por un árbol? 
Tal vez digan los que no entienden
que en mi maceta crece un gigante 
que algún día sera tan fuerte
que sostendrá la noche en sus ramas
y los amantes se refugiaran en su sombra,
hogar de mil pájaros inquietos
de mariposas y chicharras,
pulmón de mi imaginación
mentor de mi idea loca 
de que los árboles vuelan,
de que un día el Paraiso vino a mí,
y lo deje ir, ya que en mi tierra
no había lugar para él.

Mónica Gribaudi
Uruguaya

lunes, 19 de enero de 2015

Mil ojos que no miran
mil voces que no hablan
y un niño, muchos niños
reclaman, lastimando mis oídos
convirtiéndose en odio en mis neuronas
golpeando mi entendimiento y machucándolo.

¿Y a ellos que les importa Unicef,
y si en este momento la embajadora 
es Angelina o Gardel?

¿Y a ellos que le importan los tratados
los acuerdos, las canciones de protestas?
si juegan a la escondida con el hambre,
y la Parca es la única que se anima a acariciarlos.

Y me pregunto ¿qué puedo hacer?
y lloro en el vacío de mis respuestas
y me enojo con migo y con todos
¿y gritar? ¿para qué?

Y entonces... me siento una oveja más.
Presa en este caos de indiferencia
carcomida por la oscuridad de la impotencia,
sintiéndome culpable de cosas que no hago,
¡Ay! ¡si supiera como ayudar!

Mónica Gribaudi
Uruguaya
PERFECTO EXTRAÑO

Perfecto extraño
¿cómo llegaron tus pasos a ser noche?
¿dónde escondes ese dolor que ya no cabe en tu rostro?
¿sabes que siento miedo de ti?
Me recuerdas mis miserias contenidas y el temor a la soledad.

Perfecto extraño, tan cercano,
¿cómo se empecina el mundo en ignorarte?
yo misma soy incapaz de reflejarme en tu ojos
como si tu mugre y dejadez te hicieran menos humano 
cómo si la pobreza te volviese invisible 
y tus manos ajadas fueran incapaces de acariciar sueños.

Sé que alguna vez no fuiste así, ¿qué te pasó?
¿que bestia voraz transformó tu Sino?

Allí estás, pendenciero de la vida con tus palmas estiradas,
tal vez tengas suerte hoy y alguien deposite en ellas las suyas. 
Tal vez puedas despertar acurrucado en algún abrazo
y vuelvas a sembrar y a cosechar tus días
y tal vez me perdones,
por no atreverme a hablarte hoy.


Mónica Gribaudi