Cuantas veces necesito
un pájaro en mi ventana,
un árbol que me sonría
con sus despeinadas ramas,
una brisa que sople
con enamoradas ganas
mis cabellos y mi frente,
mis cansadas mañanas.
Cuantas veces este cemento
de mi ciudad tan amada
me abraza gris y turbio
con su rutina diaria.
Y es un árbol lo que anhelo
un ave en mi ventana
el sonido de algún rio
que me lleve en sus aguas
hacia algún lugar perdido
donde descansar mi alma.
Mónica Gribaudi